Me resulta interesante el “tsunami” que se ha producido con el concepto “Transformación Digital” que ha arrasado cualquier rincón de los cuadrantes estratégicos de una empresa y de cada elemento de su cadena de valor. La sensación es bastante peculiar: es como si se hubiera descubierto la “piedra filosofal” de Harry Poter que va a solucionar la vida al entorno empresarial, algo impensable hasta ahora.

Y simplemente me parece poco acertado cómo se han lanzado de forma estrepitosa la obligación de transformarse digitalmente o morir en el mercado.

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Eso ha provocado que numerosas empresas se hayan aventurado a “subir todo a la nube” o llenar la empresa de sensores para capturarlo todo aunque no se sepa qué hacer después o si realmente necesitaban conocer cada movimiento de la empresa sin haber reflexionado sobre los procesos internos que llevaban años realizando.

A partir de aquí no sólo surgen oportunidades sino también mucho oportunismo.

¿Realmente necesito transformarme digitalmente?

Es una pregunta con mucho contenido y difícil respuesta. Así, de primeras, la primera respuesta que nos viene a la cabeza es:” Claro! Cómo no! es fundamental digitalizarlo todo …”, bueno … puede ser … pero soy capaz de contestar las cuestiones básicas que pueden surgir como consecuencia de esa pregunta?:

  •  ¿Estoy preparado? ¿y mis trabajadores? ¿y mis clientes? ¿y mis proveedores?
  • ¿Qué quiere decir “digitalizar” mi empresa?
  • ¿Qué tengo que digitalizar? ¿Todo? ¿En qué momento? ¿Ahora?
  • ¿Todo al mismo tiempo o puede ser de forma paulatina?
  • ¿Cómo está ligada esa decisión a mi Plan Estratégico?

y como esas docenas de interrogantes que hay que contestar antes de dar un paso tan relevante como es digitalizar los procesos de mi empresa, porque esa decisión puede provocar efectos impredecibles a corto, medio y más a largo plazo.

En el proceso de transformación digital no se está teniendo en cuenta “la gestión del cambio” y tiene un impacto enorme en la propia esencia del ser humano que puede hacerle caer en la “enfermedad del cambio”. Es lo que Alvin Toffler denominaba “Shock del Futuro”, es decir la tensión y desorientación en los individuos por obligarles a un cambio excesivo en corto tiempo y la transformación digital es un proceso transitorio que afecta a un gran número de estilos de vida, conciencias, subcultos y que puede provocar reacciones adversas por no poder absorber la velocidad de los cambios no habiendo definido antes los límites de esa adaptabilidad.

Por esos motivos, no todo el mundo puede lanzarse a esa gran “transformación digital” que se ha convertido en un negocio para muchas consultoras, instituciones y personal sin muchos escrúpulos y con el único objetivo de mecanizarlo todo digitalmente pero sin tener en cuenta el proceso evolutivo del ser humano, sin haberle formado adecuadamente al cambio mental que supone esa revolución superindustrial.

No nos dejemos engañar por esta moda que nos arrastrará a una catarsis sin precedentes si no se implementa de una forma sensata. Tiene el mismo efecto que sucede cuando un buceador no asciende de las profundidades lentamente para ir adaptando el cuerpo al cambio de presión. Si corres mueres… todo te revienta si no permites una descompresión paulatina.

About Juan A. Bertolin

Me considero un “orquestador” para resolver retos a partir de la hibridación de soluciones independientes para alcanzar una solución final de alto valor añadido (donde el todo es mayor que la suma de sus partes). Desde 2006 estoy disfrutando apoyando a emprendedores y empresas a crecer, innovar, coo-petir, abrir nuevos espacios para la colaboración abierta y compartir, integrar la experiencia de usuario y las emociones en el co-diseño de nuevos elementos innovadores.

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