Repite conmigo, … yo he fracasado o me he equivocado? … … tu has fracasado o te has equivocado? … … él ha fracasado o se ha equivocado? … …. ….

Hay una diferencia, ¿quizás sutil?, entre fracasar y equivocarse: ambas dos son “meter la pata” aunque parece que en el primer caso, el resultado es desastroso y en el segundo puede haber todavía solución.

 

La RAE define “fracasar” como:

1.- Dicho de una pretensión o de un proyecto: frustrarse

2.- Dicho de una persona: tener resultado adverso en un negocio (parece que ésta ya sabe por dónde voy, aunque en este caso ¿es reversible?)

3.- Dicho especialmente de una embarcación cuando ha tropezado con un escollo: Romperse, hacerse pedazos y desmenuzarse

(uf! la última ya es contundente y muy cercana a cuando las cosas nos van realmente mal)




En cuanto a la palabra “Equivocarse” (equivalente a “cometer un error”) su definición es más suave:

1.- Tener o tomar algo por otra cosa, juzgando u obrando desacertadamente


Luego, parece que el tan temido “fracaso” es algo más contundente (o al menos suena) que simplemente “cometer un error” y sin embargo, acabamos mezclándolo y eso puede ser peligroso.


Desde la posición en la que me encuentro, dentro de un entorno como es un Parque Científico-Tecnológico, es interesante observar las problemáticas de los diversos emprendedores (y start-up-istas) a la hora de mantener a flote su iniciativa empresarial. Es posible extraer algunas conclusiones sobre patrones similares para resultados similares. Yo preferiría no llamarlo: “Fracaso Empresarial” (lo considero un estado “metastásico”, final e irreversible) sino “Pérdida del Norte” que por supuesto es reversible.


¿Fracasar es bueno?… sería estúpido pensar que sí. No lo es, claro que no. Es algo horrible pero dentro de lo malo, puedes aprender mucho: por una parte para enriquecerte como persona, por otra para evitar errores comunes que han llevado a ese fracaso estrepitoso. Es decir, aprender (pero es mejor aprender sin estrellarse contra una pared, ¿no crees?)


¿y equivocarse? ¿es bueno equivocarse? … bueno, tampoco, … sobre todo depende si la equivocación acaba provocando un fracaso o si simplemente ha sido una decisión mal tomada pero que puede rectificarse -asumiendo los costes del impacto por equivocarse-.  ¿A alguien le gusta “meter la pata”? Yo creo que no, y menos si tiene un coste. Sin embargo, equivocarse  puede ser positivo porque me permite definir una estrategia más constructiva: o bien me salva de la mala situación o me permite no repetirla.


¿Y por qué nos equivocamos al tomar una decisión? Motivos? infinitos… tantos como quieras inventarte.


¿Y qué hago cuando me enfrento a ellos? Aquí quiero apuntar un manifiesto magnífico elaborado por mis buenos amigos Javier Escudero y Rafael Galán: “El manifiesto del error positivo” donde detallan de forma concisa y clara la actitud a tomar frente a los errores para poder aprender de ellos y reducir el impacto de los mismos.


¿Y es posible predecirlos? Parece que es posible … lo hablamos más tarde.


Pero resaltemos algunos aspectos alrededor de las cuales puede presentarse una decisión errónea desde el punto de vista de las empresas:


Escuchar: es importante dedicarle tiempo a escuchar críticas, opiniones referentes a nuestra “idea” de negocio. Para escuchar es necesario reducir la dosis de egocentrismo.


Prestar atención a los detalles: cuando creemos en exceso que nuestra idea es la mejor, bajamos la guardia y no prestamos atención a los detalles que nos rodean y que pueden ser vitales para cualquier cambio repentino del mercado.


Profundizar en el mercado: analizar con detenimiento a nuestra posible o no competencia es de suma importancia para seguir el movimiento de dichas compañías, cómo hacen frente a la adversidad, ….


La autocrítica no sólo es interesante sino vital: Nada tiene que ver con ser negativo o no, simplemente el constante cuestionamiento de todo lo que hacemos permite ir resolviendo posibles problemas que puedan surgir. Muchos emprendedores se sientes incómodos cuando les cuestionas su propia esencia, su iniciativa, cuando intentas jugar a “poli-malo” / “poli-bueno”.

Gestión de Riesgos. Ligado a la autocrítica encontramos la gestión  de riesgos. Cuántas veces ha habido silencio por respuesta cuando preguntas “¿Y qué pasa si no sale como esperas?”. Estamos tan entusiasmados con nuestra “idea”, con nuestros tesoros (como Gollum) que no tenemos tiempo para pensar en un posible plan B.


Un caramelo llamado “subvención”. Considerar a las subvenciones como principal fuente de ingresos es una estrategia nada recomendable, por no decir poco inteligente. La sostenibilidad del proyecto está en juego cuando no hay planes B financieros. He visto varios casos en los que la empresa se hunde por no haberse acabado las subvenciones, por no preveer otras fuentes de ingresos.


Ambición que no avaricia o “cuento de la lechera”. Es muy importante marcarse objetivos ambiciosos, que no avariciosos o simplemente “castillos en el aire”. En muchas ocasiones, estamos tanto en la “cloud” que no vemos el suelo y antes de poner en el mercado el producto (que igual todavía no está fabricado) ya estamos vendiendo en todo el mundo… La internacionalización de una empresa es un objetivo ambicioso pero fácilmente puede acabar siendo el “cuento de la lechera”. Hay un post muy interesante al respecto en el blog de mi buen amigo Javier Megias “Internacionalización y empresa, una visión desde el modelo de negocio” que recomiendo leer.


El cliente ¿qué es eso?. Es curioso como en ocasiones montamos una iniciativa sin contar con el cliente, con su potencial de crecimiento, con su posible influencia en el producto final… con lo que realmente le encaja y aún así, cuando salimos al mercado nos quejamos de que el cliente “no-entiende” el producto. Escuchar, escuchar y preguntar mucho.


Ahora lanzo tres preguntas,aunque profundizaré en ellas en la segunda parte (para no hacer ésta más larga) las dejo en la “cloud” para ir reflexionando:


1.- Si esto que he mencionado, como punto de arranque de elementos de sentido común mínimo, es obvio ¿por qué seguimos cometiendo los mismos errores una y otra vez?


Sinceramente no creo en los modelos de negocio exitosos como ejemplo, porque si fuera tan sencillo el resultado sería distinto del que tenemos. Hablamos de “modelos de negocio exitosos” en la segunda parte y lo enlazaré con dos posts muy interesantes de un buen amigo, Jose Mª Mateu “Innovación en el Modelo de Negocio


2.- ¿Hay alguien que esté haciendo algo efectivo para reducir la mortalidad? (desde el ámbito público y privado).


El sumatorio de errores puede provocar un fracaso y éste la muerte de una empresa. ¿Estamos gestionando bien la mortalidad?

Desde el ámbito privado, el conocimiento adquirido por redes de inversores es más que vital y no estaría de más organizar una anti-jornada de inversión donde los inversores sean los protagonistas y los emprendedores el público, donde los inversores exponen todo aquello que está haciendo errar a las empresas- y que les puede llevar a un fracaso empresarial- y los emprendedores tomar nota para aprender de ello.


Desde el ámbito público, creo que se está perdiendo el Norte (es decir, se está cometiendo ya de “per se” errores de bulto). Los indicadores como “número de empresas creadas al año” ya no es válido ni útil, sino “número de empresas que mueren al año”, aunque entiendo que el primero vende más políticamente. Como he dicho, las subvenciones no salvan a nadie: son tablas de madera llenas de agujeros que en un naufragio te mantienen un poco a flote pero como te agarres demasiado fuerte acaban hundiéndote. Hablaremos de ello también.


3.- ¿Hay alguna forma de predecir un fracaso empresarial? (al menos determinar parámetros a tener en cuenta y a vigilar consecuencia de errores típicos cuyo sumatorio puede provocar un fracaso estrepitoso)


Parece que sí lo hay. Y aunque profundizaremos en la segunda parte (o hará falta una tercera?) os avanzo un trabajo muy interesante que está llevando a cabo el Depto de Métodos Cuantitativos en Economía y Gestión de la Universidad de Las Palmas de Gran Canarias, liderado por Eduardo Acosta González para predecir el fracaso empresarial mediante el uso de algoritmos genéticos.

 

About Juan A. Bertolin

Me considero un “orquestador” para resolver retos a partir de la hibridación de soluciones independientes para alcanzar una solución final de alto valor añadido (donde el todo es mayor que la suma de sus partes). Desde 2006 estoy disfrutando apoyando a emprendedores y empresas a crecer, innovar, coo-petir, abrir nuevos espacios para la colaboración abierta y compartir, integrar la experiencia de usuario y las emociones en el co-diseño de nuevos elementos innovadores.

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