(ya se que llego tarde … pero el tiempo es un intangible con una plasticidad tal que suele fluir entre nuestras manos sin que podamos frenarlo).

El pasado 22 de Abril, celebramos en Castellón el MiniDia de la Persona Emprendedora y uno de los eventos del programa giró entorno al fenómeno de las Redes Sociales y que, como mesa redonda,  tuve el privilegio de moderar representando a espaitec (Parque Científico y Tecnológico de la Universitat Jaume I). Me acompañaron Alessandra Farné (Cátedra UNESCO de Filosofía para la Paz), Esteban Rodrigo (Ambassador de XING), Benet M. Marcos (Redactalia), Francisco Marco-Serrano (KPK) y Alejandro Cabedo(M-Hunter) y puedo decir que fue una de las jornadas más fructíferas que he tenido por la explosión de ideas y reflexiones.

A la hora de preparar la sesión quise profundizar en el estudio de las Redes Sociales desde una perspectiva más psicológica y menos práctica, es decir que me centré más en las diversas investigaciones que se han llevado a cabo para entender como este fenómeno está afectando a nuestra vida cotidiana para intentar darle el valor real que tiene y reflexionar sobre el impacto futuro de las Redes Sociales en nuestro entorno (la presentación la puedes encontrar en http://prezi.com/skhg5eljbpiu/view/).

Comencé por analizar las implicaciones de la Teoría de los Seis Grados de Separación que como bien sabéis fue una propuesta que realizó el escritor húngaro Frigyes Karinthy en 1929 (aunque no llegó a utilizar este nombre) que partía de la idea que el número de conocidos de cualquier individuo crece exponencialmente y por tanto podría llegar, en teoría, a conectarse con cualquier persona del mundo a través de relaciones y el número de saltos necesarios es muy reducido (del orden de 5 a 7). El nombre de la teoría procede de los experimentos sobre el mundo pequeño de Stanley Milgram y saltó al entorno público gracias al dramaturgo John Guare que lo utilizó como nombre a una de sus obras y a  Duncan Watts que le dedicó su libro: “Six Degrees: The Science of a Connected Age“.

Se ha trabajado mucho en intentar demostrar matemáticamente la Teoría de los Seis Grados de Separación (por ejemplo Ithiel de Sola, MIT, y Manfred Kochen, IBM en los años 50 en su escrito “Contacts and influences”) pero no tanto intentando confirmar la existencia de un algoritmo que lo explique sino más bien poder establecer unas pautas que permitieran ser más eficientes a la hora de conformar estructuras sociales eficaces o promover un desarrollo tecnológico adecuado en un país. Así han surgido aplicaciones concretas en diferentes áreas como por ejemplo la medición del grado de colaboración entre diferentes científicos que hayan publicado algún artículo (Número de Erdös), o el grado de conexión a través de películas a secuencias de actores cinematográficos que han participado conjuntamente (número de Bacon), o la medida del camino óptimo en la conexión de dos nodos en las topologías de las redes de comunicaciones que facilitará la mejora de eficiencia en el transporte de información (longitud media del camino). En los tres casos hay que tener presente que esas interconexiones se aplican a poblaciones con ciertos patrones básicos comunes de: comportamiento, indicadores sociodemográficos,etc. con lo que finalmente todo se acota a un escenario factible.

Sin embargo, a pesar de poder disponer de una Teoría que nos permita asegurar en cierta medida el contacto entre un número considerable de personas y ser uno de los pilares del establecimiento de las Redes Sociales, bien es cierto que el éxito de esa interacción no se debe medir por el número de “nodos” sino por el producto final, es decir ser capaces de contestar a la pregunta “¿Y eso para qué”? y aquí juega un papel importante el concepto de Inteligencia Social (IS).

La Inteligencia Social, considerado como el capital intangible más importante del ser humano, le pone valor a las relaciones que posee cualquier persona (no tanto cuantitativamente sino cualitativamente). En este sentido, Howard Gardner lo incorporó con maestría en su Teoría de las Inteligencias Múltiples donde expuso con calidad meridiana la necesidad de cultivar una Inteligencia Social adecuada, y para ello es necesario desarrollar un conjunto de habilidades como “conciencia situacional, presencia, autencticidad, claridad y empatía” (tal y como describe Karl Albrecht en su libro “Inteligencia Social, La nueva ciencia del éxito”). Daniel Goleman ya apuntaba en su último libro: “Inteligencia Social, la nueva ciencia de las relaciones humanas” que todos estamos programados para conectar con el prójimo y desde ese marco de referencia que somos más la gente que hemos conocido y cómo dejamos que ésta nos influya que nosotros mismos.


Durante la mesa redonda, y escuchando al magnífico plantel de tertulianos, fluyeron reflexiones que vienen a reforzar la existencia de ese Tsunami, esa “revolución” como lo definió Benet M. Marcos, que son las Redes Sociales (RS) que, aunque pueden llegar a generar efectos de interacción tremendamente positivos, pueden también provocar reacciones adversas si no se aterriza con cuidado. Esteban Rodrigo dio en el clavo cuando afirmó que las RS ayudan a disponer de un conocimiento y un talento de forma inmediatos gracias a esa sociedad de conversaciones que se ha generado.

Precisamente, ese conocimiento inmediato (para el que  Internet móvil se ha convertido en un facilitador de acceso a información estando deslocalizado Alejandro Cabedo-)  permite a los ciudadanos a estar más conectados, formados y más críticos con todo lo que le rodean (Esteban Rodrigo) y por tanto poder identificar oportunidades laborales, de negocio mucho más productivas y ya no sólo en un marco local sino internacional como apunto Alessandra Farné. Y desde esa perspectiva de Red Social como Generador de Conocimiento  es necesario dejar a un lado la endogamia para buscar la complementariedad (Francisco Marco-Serrano), por eso Benet M. Marcos animaba a introducirse incluso en Comunidades no afines con el fin de enriquecer nuestro conocimiento.

Sin embargo, también es cierto que las mismas Redes Sociales (RS) pueden generar un efecto contrario al esperado si “no sabemos estar” en ellas.  El pasar del “Know-how” clásico al nuevo “Know-who” hace que la Reputación Digital se haya convertido en un elemento extremadamente valioso (Esteban Rodrigo). Por una parte debemos ser generadores de contenido para que nuestra aportación a la red sea valiosa (Alessandra Farné) pero ello nos obliga a apoyarnos en tres criterios fundamentales : Transparencia, Honestidad y Coherencia (Benet M. Marco) tanto a nivel personal como empresarial.

Finalmente, nos planteamos cómo veríamos a las Redes Sociales del Futuro y bajo esa abstracción Esteban Rodrigo apuntó algo que me llamó la atención: “Nosotros no iremos a buscar las cosas, las cosas nos buscarán a nosotros“. Un aspecto importante de ese futuro que estamos intentando vislumbrar es el hecho de evitar la monopolización de las plataformas sobre las que se asienta internet e incluso llegar a que el perfil de cada uno vaya consigo mismo, es decir que para su transporte no necesite una red específica (Francisco Marco-Serrano). Es más las Redes Sociales del Futuro se imbuirán en todas las etapas de nuestra vida, recogiendo nuestros sentimientos desde que nacemos hasta que fenecemos y hablaremos de Flujos en tiempo real (Francisco Marco-Serrano) y  esa movilidad  constante facilitará la retroalimentación constante entre marca y consumidor (Alejandro Cabedo).

Ciertamente, fue de esas experiencias que te enriquecen. Lo bueno es que su discusión y continua reflexión no acaba al final de la mesa redonda sino que continua en el entorno virtual, “ahí afuera”. De hecho, el concepto “mesa redonda” no es acertado aquí por la interacción que se genera, es más bien una malla de cuatro dimensiones: tres espaciales y una temporal.

Gracias.